
Aristóteles ha dividido los bienes de la vida humana en tres clases: los exteriores, los del alma y los del cuerpo. Manteniendo aquí nada más que el número, diré que, con respecto a lo que origina la diferencia en la suerte de los mortales. Son los siguientes:
1.- Lo que uno es: es decir, la personalidad en su sentido más amplio. Por lo tanto, también se incluyen aquí la salud, la fuerza, el temperamento, el carácter moral y la inteligencia y su desarrollo.
2.- Lo que uno tiene, es decir, bienes y posesiones de todas clases.
3.- Lo que uno representa: bajo tal expresión entendemos lo que se es en la representación de los otros, es decir. Cómo se lo representan a uno de los demás. Tal cosa depende, pues, de la opinión en que lo tengan, y se divide a su vez en honor, rango y fama.
Las diferencias que se consideran bajo la primera rúbrica son aquéllas que la naturaleza misma ha establecido entre los hombres; de lo que se puede deducir que sin influencia en la dicha o la desdicha de éstos será más esencial y penetrante que la influencia de las diferencias surgidas de las determinaciones humanas mencionadas en las dos rúbricas siguientes. Las verdaderas ventajas personales, un gran espíritu o un gran corazón, son en relación a todas las ventajas del rango, del nacimiento e incluso el de la realeza, de la riqueza y demás, como los reyes del teatro en comparación con los de verdad. Para el bienestar del hombre, para la manera todas de su existencia, es más importante aquello que está en su interior o que procede de él. Aquí reside de manera directa su propia dicha o su desdicha, la cual es, ante todo, el resultado de su sentir, de su querer y de su pensar; mientras que todo lo que se sitúa fuera de él no ejerce más que una influencia indirecta. De ahí que idénticos acontecimientos externos, o idénticas circunstancias, afecten de forma completamente diferente a cada uno, y que en el mismo ambiente viva cada cual, sin embargo, en un mundo muy distinto. En efecto, cada individuo sólo está relacionado directamente con las propias representaciones, con los sentimientos y los movimientos de la voluntad; las cosas externas únicamente influyen en él en tanto que sean casas de estas afecciones. El mundo en que cada cual vive despende ante todo, de la interpretación que éste tenga de él que es distinta según sea el enfoque de las diferentes cabezas. Según, estas, para unos será pobre, anodino y plano, o rico, interesante y significativo para otros. Mientras que, por ejemplo, uno envidia a otros por los acontecimientos interesantes que le han ocurrido en su vida, más b ien tendria que envidiarlos por la cualidad que posee para interpretarlos, que es la que les otorga la importancia y el significado que poseen en ña descripción ue hace de ellos; pues el mismo acontecimiento que en una cabeza rica en ingenio se muestra interesante, en una cabeza plana y vulgar sería tan sólo una escena insulsa de la vida cotidiana…. Cada cual está embutido en su conciencia com o lo está en su piel y sólo vive directamente de ella; de ahí que no pueda ayudársele mucho desde fuera.
Arthur Schopenhauer- Aforismos sobre el arte de saber vivir.
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